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Monday, May 23, 2011

La ciudad de los perros

La historia de la Ciudad de México siempre ha estado ligada a la imagen arquetípica del perro. Desde los tiempos de los aztecas, el perro siempre fue parte de los usos y costumbres del chilango prehispánico, que lo mismo lo usaba para curar sus heridas cuando estaba enfermo haciéndolo acostarse sobre la parte dolorida; como para comérselo en sabrosos tacos,(dicen que los españoles gustaron mucho de la carne que vendían en los mercados, me gustaría haberle visto la cara al primer español que se dio cuenta que estaba comiendo perro) o lo usaban como compañía, sacrificándolo cuando el amo moría para que lo acompañara en el Mictlán. El itzcuincli era un animal multiusos y esa relación no ha cambiado mucho actualmente.

De hecho, el mexicano promedio es un poco perro siempre: rico o pobre regularmente está hambreado y nunca nada es suficiente. Si tiene oportunidad es un poco ladrón, un poco sinverguenza, pero siempre fiel a su amigo y a su amo. Entre nosotros cuando las miradas se nos van detrás de las curvas de una mujer que pasan, nuestros amigos se burlarán de nuestra conspicuidad diciéndonos: "Peeeerrroooo".

Hemos tenido presidentes perros, que han jurado defender el peso como tales y como tales se robaron todos los huevos de la canasta. En twitter nos juntamos en jaurías y mordemos a todo aquel que cae en desgracia. Cazamos en manada y siempre estamos en celo.

Es curioso pero pocos saben que durante cierto tiempo a esta ciudad se le llamó: La Isla de los Perros. El 20 de septiembre de 1629, una serie de impresionantes lluvias comenzaron a golpear la capital de la Nueva España. Durante treinta y seis horas contínuas el agua cayó en torrente sobre la ciudad de México, los ríos comenzaron a desbordarse y lenta pero inexoráblemente el agua comenzó a inundar la ciudad por completo. En ese tiempo no había como desahogar todo el líquido pluvial (claro, las cosas no han cambiado mucho desde entonces). Al apagarse las lluvias, sólo quedaron los edificios más altos que precisamente eran los del Zócalo capitalino: La catedral y los edificios de gobierno, así como una que otra casa grande del primer cuadro. Los perros callejeros que se habían salvado y que no eran pocos, nadaron hasta esos lugares altos para salvarse. Durante cierto tiempo la ciudad quedó abandonada y los únicos dueños de ese lugar fueron los perros y en ese tiempo la ciudad se le llamó: La Isla de los Perros.

Hoy todavía tenemos manadas completas de perros callejeros que van de un lugar a otro, ellos son uno de los tantos terratenientes que tiene esta ciudad. Sobreviven con esos grandes ojos solícitos que nos piden les arrojemos un pedazo de "suaperro" en las taquerías y ahí vemos que el viejo adagio jamás se cumple pues "perro sí come perro".


3 comments:

Edgar Clement said...

Agree.

Lea...
Los Perros Salvajes.
http://tinyurl.com/3c3p9a8

Gadiel Díaz said...

Qué honor es para mí que Edgar Clement me visite. Soy fan de su trabajo, "Operación Bolivia" es uno de mis historias favoritas.

Maira Colín said...

Te lo dije, más de 20 minutos siempre dan mejores frutos...